
La televisión nos acerca a ella a través de un espectáculo ridículamente pobre de conocimientos educativos pero que divierte, que es atractivo ya sea porque nos identificamos o porque nos muestra ese lado salvaje que todos deseamos tener. La televisión nos entrena para que seamos inconscientes y grandes consumidores. La televisión es una bomba que al reventarla despierta grandes emociones y excita las ansiedades de su televidente. Nos deja en una fase en la que la razón se va a dar un largo paseo fuera de nuestro cuerpo y nos quedamos en el rincón de las fantasías, en ese rincón donde podemos llegar a ser unas súper estrellas cuando despega la imaginación.
Todo el público se ve afectado por la televisión, nadie se escapa; creo que la audiencia de mayor relevancia es la adolescente. En la adolescencia queremos saberlo todo, acaparar un lugar importante en nuestro círculo social, llamar la atención de cualquier manera, ser queridos. Erróneamente buscamos el manual para ser reconocidos en canales que nos ofrecen historias con violencia cruda o escondida. Un ejemplo las telenovelas o series en las que se muestra una vida mayormente ficticia llena de el conflicto, la inestabilidad y el engaño entre los personajes en lugar de presentar la realidad con su mínima chispa de amabilidad. Nos dejan ver el amor contaminado. No dejaré a un lado aquellos programas en los que la importancia del sexo es plato principal del menú y los personajes que se resisten a este son señalados como sumisos, como fenómenos aburridos que pierden amistades. La parte amorosa queda como humo de cigarrillo disperso en la habitación de los adictos al sexo, humo que no se ve. Este tipo de programas nos invitan a ser desenfrenados en la actividad sexual, a no mesurarnos ante todo el placer que nos ofrece.
Tendemos a imitar un sin fin de bajezas humanas que son parte lo cotidiano y las ponemos en practica con despreocupación y creemos que estamos bien, que todos hacemos lo mismo, que así debe ser pues en la tele así se vive.
La mala influencia de la televisión nos desorienta a los jóvenes, confunde y distorsiona nuestra realidad. Nos hace perder valores. Si bien sabemos, la educación parte del núcleo familiar, que la enseñanza de nuestros padres es el tronco de lo que somos, lo esencial, pero la televisión es nuestra herramienta amiga desde la infancia, es el personaje más activo de nuestro hogar. Obtenemos actitudes de ella y queremos estar en ella también. Creo que el contenido televisivo al que estamos expuestos entra en problema cuando desde pequeños no se nos controla el tiempo en el que tenemos acceso a el ni se nos restringen todos esos programas que no van de acuerdo a nuestra edad.
La televisión no es culpable de sus transmisiones en lo absoluto, lo somos en conjunto la sociedad con los gobiernos. El gobierno por no dar espacio a lo cultural, a la enseñanza, a lo que nos enriquecería poco a poco para convertirnos en una nación intelectual. Estamos muy lejos de llegar a hacerlo, pues con tanta tele basura seguimos encaminados a ser siempre de los últimos entre tantos países, además por medio de ella, el sistema nos convierte en ciudadanos consumidores, de eso se trata todo. En nosotros los espectadores la culpa reside en el hecho de aceptar todo eso que no es de provecho, en festejar la programación que divierte y nos hace mas sonsos de lo que somos, por ejemplo los programas de concursos donde nos hacen fantasear con un futuro en el que somos millonarios, los que nos invitan a comprar productos de ciertas marcas con mensajes a veces un tanto subliminales, entre otros. No nos damos cuenta que la finalidad u objetivo de la caja mágica no es otra cosa mas que la de vender, y nosotros compramos hasta identidades, es decir, todo aquello que nos de la apariencia de un famoso o personaje, como el caso de la afamada caracterización “Patito feo”.
Tristeza me da y bastante que existiendo canales que se dedican a mostrar ese mundo científico que nos rodea y toda esa información valiosa que nos brindan para ser seres pensantes y activos en pro de la humanidad sea solo para un reducido número de personas, esas que tienen necesidad de enriquecer su intelecto, los que quieren ir más allá de las cosas, los que de vez en cuando dejan de leer y quieren saber por otras vías y que claro pueden sustentar la televisión de paga, porque sí, para aprender lo interesante hay que pagar, la tv abierta muy rara vez se apiada de los de bajos recursos y mayormente se encarga de estancarlos mas. Debería ser soporte importante para todos aquellos jóvenes que no tienen acceso a la educación, para aquellos que no se les dio el derecho de un pupitre, para analfabetas. Educarlos con programas que no los dejen tan desamparados y con tentaciones de autodestrucción. Tanto debería lograr la tv, pero pocas esperanzas le tengo, pues mi país vive con cultura deteriorada y por lo tanto no analiza, y todos quedamos en el corralón de los inconscientes.
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